Aprendizaje por necesidades (o por necesidad).

Al barroAyer me sorprendí (últimamente sucede con frecuencia alta) observando medio embobado y emocional a mi hija como manejaba la cuchara con sin mano izquierda y comía su merienda de forma autónoma con expresiones que se movían entre una cara de concentración total, a una de pura diversión y felicidad al conseguirlo, pasando por caras de dudas sobre cómo hacerlo mejor o conseguir hacer algo nuevo (como limpiarse los alrededores de la boca, en ocasiones con más comida que en la propia boca) y expresiones de satisfacción y alegría al encontrarse con la cara que ponía su padre al verla (afortunadamente aún no maneja el móvil y no pudo fotografiar el momento). Claro, puedes imaginarme a mí,lleno de orgullo tipo: “¡qué buen padre soy!” ya la he enseñado a comer sola. Duró poco, lo que tardo mi hija en cambiar de mano y usar también la derecha para seguir comiendo como si nada. Ahí me di cuenta de que no era cosa mía, sino de ella, y desapareció el orgullo para aparecer la alegría. Yo no he enseñado a Alma a comer, no. Alma ha aprendido a comer, por varias motivos, de forma independiente, sin necesidad de que yo o mamá le digan verbalmente cómo hacerlo, sin la necesidad de que mamá o papá le pongan la cuchara en la mano (se la ponemos siempre en la derecha) y le digan cómo hacerlo, porque en realidad, al hacer esto ella no conseguía el propósito último de usar una cuchara: poder comer. No le servía cómo le colocábamos nosotros la cuchara (eso nos sirve a nosotros).

Alma tiene la necesidad de comer y también la necesidad de aprender a comer sola (mamá y papá no están siempre que tiene hambre y, peor/mejor, no le damos de comer todo lo que ella quiere). Alma ha tenido diversos modelos acerca de como usar la cuchara y otros cubiertos en distintas situaciones: nos ha visto comer (se sienta con nosotros en la mesa) con cuchara, pero también con tenedor y con la manos. Además, ha visto como usamos la cuchara para y el tenedor para darle a ella de comer. Ha visto a sus abuelos y abuelas, tía, a sus compañeros de escuela infantil. Además, Alma ha tenido ocasión de “entrenar” el gesto también con diferentes alimentos y en diferentes situaciones. El resultado es que Alma está aprendiendo a comer “sola” y no como resultado de un proceso de enseñanza por nuestra parte (por mucho que pueda fastidiar esto a mi EGO paternal). Incluso se limpia la boca con la cuchara (imitación de lo que le hacemos) y limpia la trona con papel.

¿Y si transferimos este proceso a otros procesos de aprendizaje, a poder ser significativos o importantes?. Yo aprendí a conducir primero observado a cualquiera con quien tuviera ocasión de compartir viaje, después subiendo al coche de mi padre para fantasear con un yo futuro conductor. Más adelante me explicaron (no me enseñaron, a pesar de lo que puedan pensar) como funcionaba un coche y qué había que hacer para ponerlo en marcha, avanzar, parar, girar… vamos, todo lo necesario para poder mover el coche. Después aprendí las normas de circulación, me examiné y aprobé. Sin más. Esto no significa que pudiera haberlo hecho solo, o que no fuera importante el papel de todos los conductores con los que compartí viaje, la labor de mi padre y la de mi profesora de autoescuela. Significa que aprendí no porque me enseñaron, sino por mi necesidad, motivación o elección de aprender, y sin eso no hubiera aprendido, por mucho que me hubieran enseñado. Por tanto (afortunadamente para mi EGO y el de todas las mamás y papás) esto no significa que la tarea de una madre o padre no sea importante en lo relativo a los procesos de aprendizaje de sus hijas e hijos. Por supuesto que son importantes y vitales. Significa que la importancia no está en lo que enseñamos, sino en el modelo que somos,  en lo que mostramos, en lo que hacemos, en las oportunidades que brindamos para que, en este caso Alma, puedan experimentar, probar y entrenar, en la importancia que le damos al error y qué hacemos con él: sanción VS refuerzo del intento y esfuerzo; corrección VS mostrar un nuevo modelo de realización; destacar el error VS dejar que se equivoque (y llene la trona y su ropa de comida); etc.

Bien. y, ¿qué sucede con otros aprendizajes más complejos? pues que aprendemos también porque queremos hacerlo y necesitamos hacerlo. Puede que te preguntes la necesidad de memorizar el nombre de los ríos de España con todos sus afluentes y localización en el mapa a los 10 años (yo al menos me la pregunto). Sin embargo puede que estemos de acuerdo en la necesidad de refuerzo, aprobación, valoración y aceptación que todos tenemos y si para ello me tengo que aprender el nombre de los ríos pues me los aprendo, ¿no? (¡¡abierto completamente a la discusión y debate!!)

¿Y puede ser esto aplicable a los procesos de desarrollo/crecimiento personal? mi respuesta es un SÍ rotundo. Claro que sí. Y esto no significa que no necesites acompañamiento de un profesional que te facilite preguntas, herramientas, estrategias, información, incluso formación. Al mismo tiempo significa que tu tienes la última (y también la primera) palabra.

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