El conflictivo asunto de los conflictos. Parte I: lo verbal

conflictoConflictos, problemas, dilemas y algún que otro término para referirse a una situación habitualmente percibida, en el mejor de los casos, como algo incómodo y/o negativo. No son sinónimos, pues en función de la carga emocional o racional de la situación en cuestión resulta más adecuado una palabra u otra. Sin embargo, no es el objeto de este texto abordar estos matices ni entrar en construcciones teóricas, como tampoco lo es definir cada uno de los términos utilizados, sino explorar cuestiones que nos pueden ser útiles en el momento de afrontar un conflicto. Y digo afrontar, y no enfrentar, porque quieres encontrar una solución y no convertir aquella situación en una batalla campal ¿no?. No es una pregunta retórica, puesto que a menudo convertimos el conflicto en una lucha, no sé si de poder, que termina por alejarse por completo del motivo original para convertirse en “algo” mucho más personal.Quiero hacerte una pregunta: ¿son negativos los conflictos?. Desde mi punto de vista, la respuesta es no. Un conflicto, por si mismo, no es negativo. Tampoco positivo. En realidad es simplemente necesario para el crecimiento y desarrollo de cualquier tipo de relación personal y/o grupal. La parte negativa del mismo aparece cuando no encontramos solución o cuando la manera de alcanzar esa solución resulta lesiva en algún modo.¡

Permite que haga un inciso antes de continuar: sino hay solución posible, sí tú estás seguro de que no hay manera alguna de llegar a un acuerdo no inviertas tiempo y energía en algo que no te llevará a ningún sitio. Sino estás dispuesta a ceder o modificar nada, no inviertas tampoco energía en algo que no estás dispuesta a solucionar. Si la otra persona no está por la labor de cambiar su posición o sus propuestas no están alineadas contigo, no inviertas tampoco tu tiempo en algo destinado a no llegar a ningún sitio. Ahora sí, vamos por partes.

Los 4 jinetes del apocalipsis.

Gottman identificó 4 formas básicas de comportamiento, que casi nunca aparecen en estado puro sino “mezcladas”, ni de manera aislada, más se suceden unas a otras, que alejan el foco del conflicto para situarlo en lo personal y que dificultan la posibilidad de alcanzar un acuerdo.

  • Criticas destructivas. Aparecen cuando se juzga a la persona y no sus comportamientos o el objeto de conflicto. Estas críticas son ataques personales, que, además, así suelen ser percibido por la otra/s persona/s. Tienen su base en confundir el “hacer algo” con el “ser”.
  • Actitud defensiva. No siempre sucede en este orden, pero con frecuencia, ante un ataque lo habitual es que te defiendas. Estas “defensas” ante ataques personales suelen ir dirigidas también a lo personal, por lo que seguimos alejando el foco del conflicto original para situarlo cada vez más en lo personal. Por otro lado, esta defensa sigue alimentando la espiral de ataques a lo personal y suele desembocar en el siguiente comportamiento.
  • Desprecios / ataques personales. Ahora no sólo se critica a la persona/s, sino que damos un paso más e introducimos insultos, faltas de respeto, desprecio de algún tipo, humillaciones y/o burlas. Es fácil intuir que llegados a este punto cuesta mucho volver al motivo original del conflicto y abandonar la guerra en la que te encuentras inmerso. Llegados a este punto, podemos seguir con esta rutina, o ir al siguiente comportamiento. Habitualmente, alguna de las partes suele optar por esta forma de conducta.
  • Evasión, abandono o indiferencia. Es la manera de intentar evitar que esto continúe, y lo que es más negativo, puede convertirse en la actitud habitual a implementar ante cualquier situación conflictiva, como manera de evitar el conflicto, o mejor dicho, como manera de evitar que aparezca todo este repertorio de comportamientos agresivos y ofensivos que condicionan, y con frecuencia hacen fracasar la posibilidad de alcanzar algún tipo de solución.

Cuando caemos, o cualquier de nuestros interlocutores cae, en cualquier de estas formas (normalmente siguen esta secuencia en el origen) las posibilidades de solucionar nuestra situación disminuyen y, en todo caso, aún alcanzando algún acuerdo, el coste emocional y físico es mucho más elevado del que podría haber sido si hubiéramos mantenido nuestra atención en nuestro objetivo y no en lo personal.

¿Te reconoces en alguna de esas posiciones? ¿alguna vez “has caído” en la trampa de alejarte del motivo del conflicto para irte a lo personal?. Sí la respuesta es sí, lo más probable por otra parte, es una buena noticia: eres capaz de reconocer aquello que no te ayuda a alcanzar tu objetivo, y este es el primer paso para poder cambiarlo.

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