Primeros pasos.

primeros-pasos-bebeAyer, Alma, nuestra hija de poco más de 11 meses, nos emocionó dando sus primeros pasos sin ayuda, sin sujetarse a nosotros y desarrollando todo el proceso, desde levantarse y ponerse en pie hasta caerse de culo, pasando por, cómo decía, dar sus primeros pasos ella “sola”. Y lo hizo con alegría, cuidado, atención, sonrisas y felicidad. Luego cayó de culo, después de intentar mantener el equilibrio y hacernos creer que sería la cabeza lo primero en tocar el suelo para, en el último instante, acomodarse y hacer lo que tantas veces ha ensayado: caer con el culo para no hacerse daño. No es casualidad que haya usado la palabra culo más veces en este párrafo que en el resto de publicaciones juntas. Alma, de alguna manera, sabe que, de momento, es el mejor lugar sobre el que golpearse, no sólo por la grasa acumulada, sino porque lleva protección extra con su pañal.

Ayer, sin querer, Alma nos proporcionó la oportunidad de aprender y transferir ese aprendizaje a diversas situaciones. Porque no nos enseñó nada: primero porque no era su intención. Ella sólo quería andar, sin más (creo). Y, además, dudo mucho que nadie pueda enseñar a nadie (en el sentido más usado de la palabra, aquel en el que una persona es capaz de hacer que otra persona aprenda algo, como si la primera tuviera el poder de hacer que la segunda aprendiera).

Alma llevaba entrenando meses: primero con rutinas de gateo agotadoras, juegos de persecución dolorosos para nuestras rodillas que ya olvidaron que una vez también gatearon (eso y que no conservan la grasa que las protegía). Después pruebas en las que se incorporaba sobre sus rodillas y más adelante sobre sus pies. Primero sin desplazamientos, después con pequeños desplazamientos sujetándose. Entre tanto no se olvidó de entrenar también la caída y diversas formas de volver a sentarse o gatear: de culo despacio, de culo más rápido, doblar las rodillas y apoyar las manos para volver al suelo. Al mismo tiempo, también hubo algún golpe o golpazo. Cuando todo esto estaba dominado, entonces empezó a desplazarse agarrada a nuestras manos: de nuevo ejercicios de persecución (prefiere ser la perseguida), con giros, detenciones, caídas controladas sujeta a nosotros. Antes también nos había visto y observado a nosotros, incluso había participado de esas persecuciones en nuestros brazos. Y ayer, casi de repente, aglutinó la dosis de confianza necesaria (no estaba sola, estaba muy cerca de nosotros, descansada, recién tomada la merienda, sobre suelo blando, cerca de otros agarres) y eligió poner en práctica todo lo entrenado y aprendido durante estos meses. Eligió en el sentido más literal de la palabra.

Y nos ofreció la oportunidad de aprender en varios contextos: el primero, puede que también el más evidente, acerca de la forma en la que diseñar el camino hacia alguno de nuestros objetivos: Dividir en pasos más pequeños, practicar, adquirir las habilidades necesarias, entrenar el posible “fracaso” y tener alternativas, estar preparadx para caer y recibir contratiempos sin que nos aparten de nuestro camino, observar, confiar en nuestro trabajo y habilidades, usar los recursos que tenemos a nuestro alrededor, hacer lo necesario y estar dispuestx a ello para alcanzar nuestra meta, hacerlo feliz, sonreír, aceptar los errores y aprender de ellos y, para que no me olvide de ninguno, una larga lista de detalles.

Sin embargo, lo que más fascinante me resulta de todo este proceso es que nadie ha enseñado a Alma, ni a ninguno de nosotrxs a andar. Creo que, en realidad, nadie nos ha enseñado a nada, y tampoco podemos enseñar nada a nadie. Y esto no significa el fin de la tarea de maestros, profesores y/o docentes. Sólo implica un cambio de perspectiva. Podemos ofrecer oportunidades, mostrar contenidos y “saberes”, podemos facilitar situaciones en las que aprender, promover aprendizajes, ayudar con la comprensión, explicar lo que no se entiende, actuar como modelos. Hay un montón de verbos que tienen importancia vital en nuestras relaciones con las personas con las que trabajamos. En cambio dudo mucho que yo, en cualquier de mis procesos de trabajo pueda enseñar nada a nadie. Primero, porque en el caso de que realmente enseñar a alguien algo, no podría enseñar otra cosa que lo único que yo sé, lo que a mí me ha funcionado. Y esto no tiene porque valer para los demás. Segundo porque no creo que yo tenga el poder de hacer que nadie aprenda por el simple hecho de que yo espere o desee que así sea. Por muy ruidoso y molesto que esto pueda resultar para mi EGO, no tengo el poder de hacer que suceda nada en otras personas.

Lo que si puedo, y quiero hacer, es acompañar, preguntar, interesarme, ESCUCHAR, proponer, contar, exponer, VALORAR, promover, facilitar, incluso a veces ayudar, contestar si me preguntan, explorar, investigar, colaborar, cooperar, conversar, discutir, evaluar y, al final, respetar. Y en eso estamos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s