Pon un objetivo en tu vida.

Empecemos por el principio:

Decía Friedrich Nietzsche que aquel que tiene un porqué en su vida, una meta, es capaz de soportar cualquier cómo. No sé hasta que punto es posible soportar cualquier cómo o circunstancia, pero sí que el porqué, el objetivo, la meta en la vida, hace que nos enfrentemos a los “cómo”, a las situaciones que vamos encontrando, con muchas más probabilidades de éxito. Podríamos decir que le objetivo es algo así como el sitio al que queremos llegar, y sabiendo a dónde vamos suele ser más fácil decidir cómo lo vamos a hacer y qué vamos a necesitar para hacerlo.

Podríamos preguntarnos entonces acerca de qué es un objetivo, como identificarlo, incluso como redactarlo, de tal forma que sea un objetivo y no una quimera. Hay decenas de listas sobre las características que debe cumplir un buen objetivo, yo tengo la mía propia: La primera, y para mí determinante, es que nuestro objetivo debe ser nuestro. Que sea nuestro no significa que no escuchemos a los demás, no tengamos en consideración nuestro entorno neguemos sistemáticamente todo lo que nos llegue. Nuestro objetivo significa que yo lo elijo (y no sólo lo decido) porque es importante, significativo para mí.

El objetivo debe ser realista a la vez que ambicioso y realizable por nosotros: Un objetivo imposible me frustrará (sí, hay objetivos imposibles, en mi caso, entre otros, correr 100 m en menos de 9 segundos :)) y ambicioso, dado que sino lo es, puede que no resulte motivador y/o me quede como estoy una vez alcanzado. Mi objetivo debe depender de mí.

Un objetivo debe ser medible, y si es posible también divisible en otros más pequeños, que me permitan valorar en qué medida me estoy acercando a él o no, que me permitan evaluar continuamente si me estoy acercando o no.

Siempre es mejor formularlo en positivo que en negativo, quiero saber que deseo conseguir, no aquello que no quiero en mi vida.

Debe de ser posible en nuestra vida, lo que se ha dado en llamar ecológico. Esto significa que el objetivo en cuestión, y el camino hasta él, necesitará de recursos, entre otros de tiempo, y tendrá unas consecuencias en mi vida (por lo nuevo, y por lo que dejo de hacer) que deben de ser “posibles” en mi vida. Un objetivo no es deseable si su consecución traerá unas consecuencias no alineadas con mis valores o generará más costes que beneficios, o, simplemente, sino dispongo de tiempo (o de la intención de destinar tiempo) a ese propósito.

Por último (en mi lista) nuestros objetivos deben de tener una fecha límite para conseguirlos, sino el objetivo se convierte en un simple deseo con pocas expectativas de cumplirse.

Luego vendría el cómo conseguimos ese objetivo, pero ese es otro tema…

Y ahora ¿cuál es tu objetivo? ¿qué te mueve? ¿para qué vives? 🙂

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